miércoles, 24 de agosto de 2011

Cartas sin mandar - Parte II

Estoy rodeada de niños y niñas. Todos llevan puesto un mandil verde. Yo llevo uno plomo. Las niñas usan falda y zapatitos de charol. Yo llevo pantalón y zapatillas. Hay mucho alboroto y gritos. Todos corren. Suben y bajan. Van y vienen. Yo permanezco en el aula de clases. Tengo una muñeca y no un carrito como los niños. Aunque mi vestimenta es similar a la de ellos. Nadie juega conmigo. Somos mi muñeca y yo. Suena la campana. Creo que ya es hora de salida.

Yo no quiero - Parte II

La playa. Es invierno y casi no hay nadie. El sol va cayendo al igual que yo, sin prisa, sin vergüenza. Poco a poco se va ocultando. Sólo quiere que lo dejen en paz. La arena ya no quema mis pies. El mar empieza a helarlos. Escribo tu nombre en la arena para no olvidarlo. Escribo tu nombre y el mar lo borra. Yo no lo borré. Sólo intento volver atrás, pero es inútil. No importa cuantas veces lo escriba, el mar siempre se lo llevará. Escribo tu nombre una vez más y antes de que el mar lo borré me voy.

martes, 8 de febrero de 2011

Prosas Apátridas de Julio Ramón Ribeyro

Distancia: a doscientos metros no podemos saber si una mujer es bella. A unos centímetros todas son iguales. La percepción de la belleza necesita cierto margen espacial, que varía no sólo de acuerdo al observador, sino también de acuerdo al objeto observado. Entre nosotros decíamos sobre algunas mujeres, utilizando una expresión ya convenida, "tiene buen lejos", pues a cierta distancia parecía guapa, pero apenas se acercaba no lo era. Otras en cambio tienen "buen cerca", pero al alejarse notamos que son desproporcionadas o flacas o con las piernas torcidas. ¿Qué distancia debe servirnos de patrón para dar un veredicto estético sobre una persona? Un amigo,  a quien hice esta consulta, me respondió: "La distancia de la conversación".

jueves, 20 de enero de 2011

Departers

Parecía ser una mañana cualquiera
De pronto una silueta, un rostro
Un segundo me bastó
Para verla sin que me viera
En la 25 y rodeada de gente
Cristina canta sobre una amiga que perdió
No existen las casualidades
No hay dos cosas iguales
El tiempo se detiene
La combi sigue su ruta
Sin dinero, sin celular
No tengo más opción que bajar
Me quedé sin nada
Y finalmente ocurrió
Ya no tengo que esperar.

Dos días después
Tu noticia dio vuelta al mundo
Y llegó hasta Lima
Dejándome una infinita tristeza
Leí hasta el hartazgo
Cada detalle, cada palabra
La petaca de whisky
El calibre 38
Todavía puedo verte
Entrando en la oficina de prensa
Guiñándome un ojo a manera de saludo
Los cigarrillos Nevada que te aceptaba
Aunque yo no fumara
En una caja atesoro
Un par de mails
Algunas fotografías
Y el libro de Carver que me regalaste.

Me gusta pensar
En un lugar común
Adonde van los suicidas y vos.

lunes, 10 de enero de 2011

Paul y yo

Escribo palabras al azar
Una tras otra, casi sin sentido
Y pienso en los hombres que conoceré
No quiero olvidar este momento
No quiero olvidar esos hombres

No hay nada peor que las horas libres
Sin profesores, sin auxiliares
Me pierdo entre las voces
Nada bueno puede pasar
Nada bueno puedo esperar

Paul Éluard me cuenta de las mujeres que amó
Y de aquellas que no conoció
Mientras yo sigo escribiendo
El poema que has de leer algún día

La campana ya ha sonado
Todos han desaparecido
No queda nadie en el salón
Sólo Paul y yo – estamos solos.