Parecía ser una mañana cualquiera
De pronto una silueta, un rostro
Un segundo me bastó
Para verla sin que me viera
En la 25 y rodeada de gente
Cristina canta sobre una amiga que perdió
No existen las casualidades
No hay dos cosas iguales
El tiempo se detiene
La combi sigue su ruta
Sin dinero, sin celular
No tengo más opción que bajar
Me quedé sin nada
Y finalmente ocurrió
Ya no tengo que esperar.
Dos días después
Tu noticia dio vuelta al mundo
Y llegó hasta Lima
Dejándome una infinita tristeza
Leí hasta el hartazgo
Cada detalle, cada palabra
La petaca de whisky
El calibre 38
Todavía puedo verte
Entrando en la oficina de prensa
Guiñándome un ojo a manera de saludo
Los cigarrillos Nevada que te aceptaba
Aunque yo no fumara
En una caja atesoro
Un par de mails
Algunas fotografías
Y el libro de Carver que me regalaste.
Me gusta pensar
En un lugar común
Adonde van los suicidas y vos.
jueves, 20 de enero de 2011
lunes, 10 de enero de 2011
Paul y yo
Escribo palabras al azar
Una tras otra, casi sin sentido
Y pienso en los hombres que conoceré
No quiero olvidar este momento
No quiero olvidar esos hombres
No hay nada peor que las horas libres
Sin profesores, sin auxiliares
Me pierdo entre las voces
Nada bueno puede pasar
Nada bueno puedo esperar
Paul Éluard me cuenta de las mujeres que amó
Y de aquellas que no conoció
Mientras yo sigo escribiendo
El poema que has de leer algún día
La campana ya ha sonado
Todos han desaparecido
No queda nadie en el salón
Sólo Paul y yo – estamos solos.
Una tras otra, casi sin sentido
Y pienso en los hombres que conoceré
No quiero olvidar este momento
No quiero olvidar esos hombres
No hay nada peor que las horas libres
Sin profesores, sin auxiliares
Me pierdo entre las voces
Nada bueno puede pasar
Nada bueno puedo esperar
Paul Éluard me cuenta de las mujeres que amó
Y de aquellas que no conoció
Mientras yo sigo escribiendo
El poema que has de leer algún día
La campana ya ha sonado
Todos han desaparecido
No queda nadie en el salón
Sólo Paul y yo – estamos solos.
domingo, 2 de enero de 2011
El amor en otro lugar
“Géminis” de Albertina Carri y “Ping-Pong” de Matthias Luthard son dos películas que comparten mucho más de lo que pareciera. No sólo salta a la vista el amor tormentoso o el amor prohibido entre parientes sino también ese mundo perfecto, lleno de apariencias que toda familia bien, ya sea argentina o alemana se preocupa por mantener hasta el final.
Si bien “Géminis” está centrada en el orden familiar liderado por Lucía, una madre que le gusta tener todo bajo control, los verdaderos protagonistas y responsables de romper con los parámetros establecidos son Meme y Jeremías, dos hermanos que se quieren más allá de los lazos fraternales.
Desconocemos desde cuando Meme y Jeremías se aman en secreto. Cuando los vemos con el resto de la familia están todo el tiempo peleando o a penas si se dirigen la palabra. Estando solos todo es diferente. Ven televisión juntos e incluso comparten el jacuzzi. Es como si hablaran un idioma propio, como si su amor los salvará/apartará de los demás miembros de la casa. A la vez son personas erráticas, distantes y calladas incluso con ellas mismas. Y terminan por entregarse al placer, un placer culposo porque saben que lo que hacen está mal, pero al mismo tiempo no pueden evitarlo, no conocen otra forma de amar.
Todo comienza a tambalear con la llegada Ezequiel, el hermano mayor, y su esposa española, quienes para darle gusto a Lucía aceptan hacer una ceremonia matrimonial ante sus orgullosos padres y amigos. Una noche antes del matrimonio, Ezequiel ve a Meme y Jeremías teniendo relaciones sin embargo no le dice nada a sus padres. Al día siguiente, la ceremonia transcurre sin mayores problemas que los habituales. Una discusión acalorada entre Lucía y su hermana debido al exceso del alcohol y otra entre los flamantes novios ante la idea de incluir un caballo en las fotografías.
La familia de “Ping-Pong” está compuesta por tres personas: padre, madre e hijo. Y desde afuera nada parece llamar la atención. Basta que un buen día llegue Paul, el sobrino de Stefan, cuyo padre acaba de suicidarse para que afloren los conflictos y peleas familiares.
Ana desconfía desde un principio de Paul y teme que sea él quien altere la armonía de su hogar, aunque pronto nos daremos cuenta que es ella y su obsesión porque su hijo Robert se convierta en pianista, lo que hace que la convivencia sea un infierno.
Stefan tiene que hacer un viaje de improviso dejando a Paul con Ana y Robert. Al comienzo veremos que Paul tratará de complacer a los dos. Juega al ping-pong con Robert y acompaña a Ana a pasear a Schumann. Ni él se dará cuenta en qué momento quedó atrapado entre madre e hijo, quienes luchan por tener la atención y el poder.
Ganará Ana al darse cuenta de que Paul gusta de ella y se aprovechará de eso para usarlo en contra de Robert. Aquí los amantes también serán descubiertos por alguien de la familia que prefiere callar. Sin embargo, es Paul quien querrá confesar su amor por Ana cuando Stefan vuelve de viaje.
Ambas películas tienen desenlaces similares. Los amantes son expuestos ante los ojos de otros quienes no entienden su amor. Sólo una película se salvará del que dirán y de las miradas ocultas para seguir manteniendo ante los demás esa aparente estabilidad. La otra tendrá un final más dramático y hasta pasional, un acto digno de un enamorado que sólo quiere vengarse al descubrirse humillado por la persona amada.
miércoles, 15 de diciembre de 2010
Cartas sin mandar
El tiempo pasó sin que nos diéramos cuenta. Por mi parte puedo decir que todavía te pienso, en ocasiones te sueño. Creo que alguna vez fui hasta tu casa, pero no pude tocar la puerta. Me quedé ahí como esperando a que salieras, como tantas otras veces. Con un lápiz escribí en una pared: Hola. Lo siento. Te echo mucho de menos. No recuerdo si en ese orden. Busco una carta tuya. Sé que cuando la vea la reconoceré por la tinta roja del lapicero. Y tu letra pequeñita, tan perfecta. Ni punto de comparación con la mía que nadie entiende. Sólo tú podías leerme. No volví a escribir desde entonces.
miércoles, 10 de noviembre de 2010
Yo no quiero
Yo no quiero volverme tan loco, fue lo último que me dijo y luego desapareció. No lo volví a ver. Estaba en el sofá, escuchando esa canción que tanto le gustaba. Yo, desde el otro lado de la sala lo observaba. Él creyó que no lo había escuchado y por eso se fue. Siempre pensó que no lo tomaba en serio. De repente escuché la puerta cerrarse, pero no fui tras él. Pensé que había ido a comprar más cigarrillos. Lo esperé durante toda la noche. A la mañana siguiente desperté y al no encontrarlo ahí, yo también me fui. Desaparecí.
martes, 2 de noviembre de 2010
Gigante de Adrián Biniez

Desde la aparición del título en grandes letras rojas que abarcan casi toda la pantalla, esta claro desde un inicio, el tipo de personaje al que vamos a conocer. Jara (Horacio Camandule) es un hombre corpulento que trabaja de guardia de seguridad en un supermercado. y como si no pudiera ser peor hace el turno de la noche.
A través de unas pocas imágenes vamos a ir descubriendo el mundo de Jara. En el supermercado su función consiste en observar por los monitores mientras tanto hace crucigramas, escucha heavy metal y se lleva algo a la boca para comer. Ya en su casa nos damos cuenta que su vida personal no dista mucho de la laboral. Echado en su sillón mira la televisión sin poder evitar el quedarse dormido. Y a veces juega play station con su sobrino cuando su hermana se lo deja para que lo cuide. Algunas noches trabaja de guardia de seguridad en un bar.
Un día viendo por el monitor descubre a Julia (Leonor Svarcas) una de las chicas de la limpieza. Pronto esa simple observación pasará a ser algo más cuando lo descubrimos siguiéndola a la salida del supermercado. De esta forma pasamos a centrarnos en la vida de Julia y así descubrimos que también es una persona solitaria como Jara. Le gustan los perros, las películas de ciencia ficción y toma clases de karate.
Todo el tiempo que Jara sigue a Julia, para él es como si la estuviera viendo a través del monitor del supermercado. Se limita a caminar detrás de ella. Nunca se acerca a hablarle. Sólo la mira como en una película esperando a ver qué pasará en la siguiente escena. No sabemos si Jara fue siempre así o si su trabajo lo forzo a tener ciertas actitudes que a pesar de estar fuera del supermercado traspasa a su vida cotidiana.
Gigante es una película de pocas palabras al igual que sus protagonistas. Imposible no sentir lástima, pero más que eso, yo encuentro una identificación, ya que quién no se ha sentido alguna vez como Jara (ya sea por ser gigante o enano, gordo o flaco) y no ha sabido como abordar a esa persona que tanto le gustaba.
martes, 26 de octubre de 2010
Finalmente
Y finalmente estoy aquí. Después de tanto sacrificio se podría decir. Después de haberlo dejado todo, también se podría decir. Familia. Trabajo. Amistades. ¿Amor? Dejé todo atrás. ¿Y por qué? O tal vez sería mejor preguntar ¿Para qué? No lo sé. Estaba equivocada. Estaba mal de la cabeza, también se podría decir. Quise irme lejos. Dicen que para olvidar hay que poner tierra de por medio. A mí no me sirvió. Tal vez hubiera sido mejor poner mares, océanos. Pareciera que no me esforcé lo suficiente. Al fin de cuentas, como a veces suelo decir cuando bromeamos, estamos del mismo lado del hemisferio. Así que muy lejos no me fui.
Me gusta ver los rieles del tren más que el tren en sí. Es raro, se me hace raro. Allá casi ya no hay. Dejaron de existir. Murieron de causa natural. Tal vez por eso, al ver los rieles del tren sólo puedo pensar en que es una forma más de quitarse la vida. Nunca subí a uno. Cuando recién llegué estaba fascinada con aquello. Luego el tiempo pasó y me conformé con el subte y el bondi. Será que no salí de la capital. Que no tuve la necesidad. Que tuve otras opciones cuando pensé en venir aquí. No lo creo, El dinero no hubiera dado para un país del primer mundo. No tengo un apellido difícil de pronunciar. Imposible salir hacia esos países. No para mí.
Y finalmente estoy aquí deseando no estarlo...
Me gusta ver los rieles del tren más que el tren en sí. Es raro, se me hace raro. Allá casi ya no hay. Dejaron de existir. Murieron de causa natural. Tal vez por eso, al ver los rieles del tren sólo puedo pensar en que es una forma más de quitarse la vida. Nunca subí a uno. Cuando recién llegué estaba fascinada con aquello. Luego el tiempo pasó y me conformé con el subte y el bondi. Será que no salí de la capital. Que no tuve la necesidad. Que tuve otras opciones cuando pensé en venir aquí. No lo creo, El dinero no hubiera dado para un país del primer mundo. No tengo un apellido difícil de pronunciar. Imposible salir hacia esos países. No para mí.
Y finalmente estoy aquí deseando no estarlo...
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